Leyendo diversas opiniones en el ámbito legal y empresarial a nivel global, se repite una misma conclusión en todas las jurisdicciones: muchos conflictos contractuales podían haberse previsto, e incluso evitado, si los acuerdos hubieran nacido con el acompañamiento legal adecuado. No se trata de malas intenciones, sino de decisiones tomadas con apuro, supuestos no conversados y reglas poco claras desde el inicio. El problema, rara vez, aparece de la nada. Suele estar en el origen del contrato.
En la práctica empresarial ecuatoriana, es común que la asesoría legal llegue cuando el acuerdo ya está cerrado o cuando la relación empieza a tensionarse. La prioridad suele ser “cerrar rápido”, sin detenerse a ordenar el contenido del contrato. Sin embargo, esa rapidez inicial muchas veces genera costos posteriores difíciles de asumir. La intervención legal temprana no frena el negocio, sino que lo estructura. Permite avanzar con claridad y reducir incertidumbre.
Un contrato bien concebido no se limita a cumplir una formalidad. Es una herramienta que organiza la relación entre las partes y ofrece certezas cuando las circunstancias cambian. La definición clara de obligaciones, responsabilidades y consecuencias evita interpretaciones contradictorias. Asimismo, anticipar cómo se gestionarán los desacuerdos reduce la probabilidad de conflictos mayores. Esa previsión no se improvisa al final del proceso.
La experiencia demuestra que buena parte de las disputas contractuales surge por cláusulas ambiguas o expectativas mal alineadas. Cuando el contrato ofrece respuestas claras, el conflicto pierde fuerza antes de escalar. Las partes cuentan con un marco común para resolver desacuerdos y proteger la relación comercial. Esto permite concentrar esfuerzos en la operación del negocio, no en su defensa.
Lo dicho, permite concluir que el acompañamiento legal desde la etapa de negociación permite a las empresas identificar y gestionar de forma temprana los riesgos asociados a sus relaciones contractuales. Un contrato bien estructurado ordena expectativas, reduce contingencias y aporta previsibilidad en la toma de decisiones. En entornos empresariales complejos, la prevención jurídica se convierte en una herramienta clave de gestión.
Como análogamente se sostiene, es mejor la medicina preventiva que la medicina curativa. Por tanto, cuando el contrato nace bien, el conflicto pierde espacio y la relación comercial gana estabilidad.[1]
La información aquí publicada no supone ningún consejo o asesoría legal particular, siendo su función meramente informativa.
Angélica Campoverde Ortiz
Directora de Consultoría Internacional / Asociada
[1] Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay
